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Trump admite que Biden ganó aunque atribuye su victoria al fraude

Al presidente Donald Trump le está tomando tiempo procesar el resultado de las elecciones, y este domingo a punto estuvo de admitir lo que le ronda, es obvio, la cabeza: que ha perdido, y que deberá salir de la Casa Blanca el 20 de enero. Él tiene sus propias sospechas sobre lo que le ha propiciado esa derrota, el gran fraude electoral que lleva días denunciando, pero se le están resistiendo los juzgados y los republicanos por lo general guardan un cauto silencio ante el riesgo de sumarse a toda una deslegitimación del sistema electoral de la primera potencia mundial.

Antes de las ocho de la mañana de este domingo, el presidente publicó en Twitter un confuso mensaje en el que decía que Biden «ganó porque las elecciones estaban amañadas». Era una nueva denuncia de fraude, pero en realidad contenía la admisión de la derrota, algo que el presidente no había hecho en los 12 días transcurridos desde las elecciones. Tras publicarlo, el presidente se montó en el coche y se fue, como hizo ya el fin de semana pasada, a jugar a golf en su lujoso club de Sterling, en Virginia.

En poco más de una hora, Trump matizó lo que dijo sobre Biden: «Él sólo ganó para los mentirosos medios de comunicación. No admito nada. Aun tenemos mucho camino por delante. Esta elección estaba amañada». De las muchas demandas presentadas por los abogados de Trump en Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Georgia, Nevada y Arizona, la gran mayoría han sido desestimadas y están pendientes de casación. El presidente espera poder llegar al Supremo, pero son muy escasas las opciones de poder revertir el resultado, y él lo sabe.

Trump, que ha sido uno de los presidentes más locuaces de la historia de EE.UU., ha guardado unos días posteriores a las elecciones de estricto silencio, algo raro en él. El presidente solo ha hablado en público tres veces: la misma noche electoral, el jueves posterior desde la Casa Blanca, y este mismo viernes en un discurso sobre la vacuna contra el coronavirus. En ninguno de esos actos públicos ha aceptado Trump preguntas de la prensa, aunque en el pasado nunca ha tenido reparos en hablar con los periodistas.

Complejo equilibrio

Está manteniendo el presidente un equilibrio ciertamente complejo, ya que no admite el resultado a la vez que denuncia un fraude solo en los estados clave que ha ganado el demócrata Biden. Dos veces solo, ha estado a punto de admitir que ya no seguirá en la Casa Blanca a partir de finales de enero. En la comparecencia del viernes dijo que puede que la vacuna contra el coronavirus la distribuya otra administración. Y luego ayer publicó el ya famoso mensaje en Twitter de «él sólo ganó…».

Mientras, siguen avanzando los recursos de los abogados republicanos para intentar revertir el resultado antes de que los resultados electorales queden totalmente certificados por los 50 estados y la capital federal. Se trata de una estrategia legal cara y laboriosa, ya que deberían llegar suficientes recursos al Supremo como para poder dar un vuelco en el colegio electoral. Tal y como están las cosas hoy, Biden tiene 306 compromisarios frente a los 232 de Trump. Si los jueces revirtieran, por ejemplo, los resultados en Georgia, Nevada y Arizona, algo harto complicado, Trump seguiría perdiendo.

Todo apunta a que cuando los resultados queden certificados, más de cinco millones de votos separarán a Biden de Trump. Hillary Clinton ya perdió en el número de compromisarios a pesar de haber logrado tres millones de votos más que Trump, algo que el actual presidente siempre ha atribuido a un supuesto fraude electoral del que no hay de momento pruebas muy contundentes. Desde 1992, los republicanos han ganado el voto popular en una sola ocasión, antes del segundo mandato de George Bush hijo.

De aquí a principios de diciembre, los diferentes estados van a certificar los resultados de las elecciones de forma definitiva. Cuando el nuevo Capitolio inicie la legislatura, a principios de enero, recibirá esos resultados con el número de compromisarios del colegio electoral que recibe cada candidato. Eso servirá para proclamar el resultado, tras unas elecciones que hasta el propio Gobierno, por debajo de Trump, ha calificado de extremadamente seguras. El nuevo presidente tomará posesión el 20 de enero.

Pocos son los republicanos que están rompiendo filas con el presidente en este momento, pero los hay. Tal vez los de más elevado perfil sean exministros suyos, como su primer secretario de Seguridad Nacional y posterior jefe de gabinete, John Kelly, y su primer consejero de seguridad nacional, H.R. McMaster. Ambos han emitido comunicados y han dado entrevistas en días recientes certificando que estas elecciones han sido completamente lícitas, y que no hay pruebas de fraude. En el Capitolio las cosas están más complicadas, porque hay una segunda vuelta por los dos escaños del Senado en Georgia el 5 de enero, y un solo mensaje crítico del presidente en Twitter puede destruir una carrera. Por lo tanto el líder de la mayoría republicana en la cámara alta, Mitch McConnell, ha pedido que se tenga paciencia y que se deje al presidente avanzar su causa en los tribunales hasta que los resultados sean definitivos.

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