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La Superliga agoniza tras la salida de los clubes ingleses

La Superliga, proyecto histórico presidido por Florentino Pérez anunciado en la madrugada del lunes, ha quedado herido de muerte apenas dos días después debido a la renuncia en bloque de los seis equipos de la Premier League. Después de la retirada en primer lugar del Manchester City, otros cuatro clubes ingleses, Liverpool, Manchester United, Tottenham y Arsenal, anunciaron a última hora que se desentienden de este proyecto de competición privada y casi cerrada, en varios comunicados emitidos por estos equipos.

«Después de haberos escuchado, así como a la gran familia del fútbol estos últimos días, nos retiramos de la Superliga. Sabemos que hemos cometido un error y pedimos disculpas por ello», llegó a escribir el Arsenal en su comunicado. A día de hoy, sólo se mantendrían en el proyecto los tres equipos españoles (Real Madrid, Barcelona y Atlético) y otros tantos italianos (Juventus, Inter y AC Milan), reunidos de forma telemática de manera de urgencia para ver qué hacen a partir de ahora.

Los clubes ingleses protagonizaron durante la tarde y la noche del martes una fuga casi tan histórica como la creación de la Superliga con nocturnidad y el deseo de dinamitar el proyecto de la nueva Champions que horas después iba a anunciar la UEFA tras la reunión de su Comité Ejecutivo. El anuncio de la Superliga ha provocado una reacción muy negativa en el Gobierno y entre los hinchas del fútbol en el país en el que se crearon sus reglas y el cambio de planes ha sido fulminante.

El consejero delegado del Manchester United, Ed Woodward, ha anunciado que dimitirá. Los medios británicos le señalan como uno de los principales organizadores del lanzamiento de la Superliga. La política de comunicación del consorcio ha sido desastrosa, el menos en Reino Unido, y la mano derecha de la familia Glazer desde su adquisición del club de Old Trafford en 2005 paga por el desaguisado.

La reacción del primer ministro, Boris Johnson, ha sorprendió por su radicalismo. Se reunió este martes con la federación inglesa, con representantes de la liga Premier y de los hinchas del fútbol. Tras el encuentro, afirmó que su Gobierno está dispuesto a introducir legislación en el Parlamento para impedir la formación de la nueva competición. Su ministro de Cultura y Deportes había sugerido antes medidas como cambios en las regulaciones sobre propiedad de clubes de fútbol o la prohibición de fichar a futbolistas extranjeros.

La reacción de los aficionados ha sido furiosa. En Elland Road, donde el Liverpool se enfrentaba al Leeds United en la noche del lunes, se congregaron hinchas del club para insultar a jugadores y técnicos del equipo visitante. Jurgen Klopp, el entrenador carismático de los rojos de Anfield Road, advirtió que el equipo no había participado en las decisiones y se quejó de tener que responder a cuestiones sobre la Superliga de las que no tenía información.

Klopp ya había mostrado su opinión contraria a la formación de una superliga europea. Aceptó que esa ha sido siempre su opinión, pero recordó también que ni la UEFA ni la FIFA, que promueven más competiciones y nuevos formatos hasta abarrotar el calendario, quedan libres de la acusación de dar prioridad a la obtención de beneficios económicos sobre la salud de los futbolistas o la calidad del juego. Sus declaraciones no fueron reproducidas en la página de internet del club.

El príncipe Guillermo, presidente honorario de la federación inglesa e hincha del Aston Villa, se sumó al malestar. «Ahora más que nunca debemos proteger a toda la comunidad del fútbol, desde la cima hasta la base, con los valores de la competición y de la justicia en su centro. Comparto la preocupación de los hinchas sobre la propuesta de la Superliga y sobre el daño que podría causar al juego que amamos», afirmó en un comunicado oficial.

James Milner, un futbolista honesto y versátil con una larga carrera en diferentes clubes y en la selección inglesa, fue el primero entre los jugadores hoy en activo, en su caso con el Liverpool, en expresar rechazo a la nueva competición. Marcus Rashford, delantero del Manchester United y de la selección, muy popular por sus campañas para dotar de alimentos a los hijos de familias que tienen dificultades para comprar comida o por el fomento de la lectura entre los jóvenes, también se expresó en favor de un fútbol basado en los hinchas.

Cisma americano

Pep Guardiola fue la voz más nítida en contra de la Superliga, tal como era descrita en la tarde el martes, entre las personalidades poderosas de las Premier. Reconociendo que no tiene más información que la declaración publicada y quejándose como Klopp de que no haya ningún directivo de los clubes explicando el plan en público, al menos en Inglaterra, aceptó responder a un periodista que le preguntó qué le parece una liga en la que nadie puede descender o ganar una promoción.

«Para mí, si no hay relación entre esfuerzo y premio no es deporte», dijo. «No es deporte si el éxito está garantizado. No es deporte si no importa que pierdas. Lo he dicho muchas veces. Quiero estar en la competición más fuerte, especialmente la liga Premier, y no me parece justo que un equipo pelee y pelee hasta llegar a la cima pero no pueda clasificarse». Se preguntó también por qué un club como el Ajax de Amsterdam, que ha ganado cuatro Copas de Europa o Champions, no está en la lista.

Los promotores de la nueva competición habían adelantado más detalles financieros- los préstamos del banco estadounidense JP Morgan, el límite de un 55% de ingresos para «gastos deportivos», la estimación de ingresos por venta de derechos de televisión, la dotación de 400 millones de euros a clubes modestos y federaciones…- que sobre la mecánica de su liga. Poniendo la prioridad en las finanzas, han retratado su objetivo.

Las primeras horas de esta revolución del fútbol han producido una escisión relevante. El Arsenal es propiedad de Stan Kroenke, dueño del Denver Nuggets, que compite en la NBA, y de otros clubes de deportes diversos. El Liverpool fue adquirido por John Henry, propietario también del los Red Sox de Boston, un club de beisbol. La familia Glazer, dueña del Manchester United, lo es también de los Tampa Bay Bucaneers, que juegan en la NFL.

Estos propietarios estadounidenses se han distinguido en el fútbol inglés por negar las ambiciones infinitas de los hinchas para gastar más y adquirir grandes estrellas. No son como Roman Abramovich, dueño del Chelsea, o el jeque Mansur Al Nayhan, del Manchester City. Estos magnates disfrutan de la propiedad de los clubes por su afición y su egolatría. Los americanos de la Premier siempre han querido construir un negocio que de buenos beneficios.

Queda en la sombra Joe Lewis, un magnate con cientos de compañías en múltiples países. Una de ellas es el Tottenham, el sexo club ingles de la trama, el club también, en los viejos tiempos, de los judíos proletarios del norte y del este de Londres, donde Lewis nació. En este pleito entre el fútbol como negocio o como identidad, él parece el único indicado entre los propietarios ingleses para entender y explicar el último dilema de este juego.